La culpa de la depresión
The blame of depression
Pasan minutos, horas, días, semanas, meses y años y los sueños de la guillotina, del verdugo, de la soga, del vacío, del ahogado, de ser rebanado en pedacitos, molido y mil –y una- formas más que den fin a la pesadez de la existencia, a la celda oscura, a esa sensación de ser una masa amorfa desparramada en el suelo. Y, a la vez, poderosa e inclemente llega la Culpa. Esos pensamientos y emociones me avergüenzan. Me siento desagradecido, egoísta, un quejumbroso frívolo sin derechos. Cómo es posible sentir, alucinar con esos pensamientos cuando hay tanto dolor de gente que sí tiene el derecho a sufrir. Por qué provocar preocupación a la gente que te quiere. Por qué no puedo evitar esos pensamientos. Sí, tengo una condición mental. La entiendo. Debo tenerme paciencia. No debo castigarme. Sé que en algún momento se irán si no las peleo. Pero la Culpa siempre acechando, atacando. La Culpa se convierte en segundos, en micras de segundo, que me reclama la falta de cojones para salir adelante, para llevar una vida “productiva”, independiente; que señala el desperdicio de mis talentos, mi aislamiento, mi auto alienación; me grita que no tengo derecho a sentirme mal. Me aferro a los recuerdos de momentos perfectos. A la idea de que quedan varios por venir. Que tanto las emociones negativas como positivas tienen mucho que enseñar –quizá más las primeras-. Que tengo que tenerle comprensión y compasión a mi mente, a mi corazón; que debo ayudarlos a sobrellevar la existencia, a que practiquen la catarsis, que debo ser independiente y llega de nuevo la infame señora…
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The blame of depression
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